martes, 20 de octubre de 2009

los derechos de los trabajadores


La globalización propone argumentos que dejan los derechos de los trabajadores al margen y sigue su camino hacia una competitividad extrema que promueve unas condiciones laborales pésimas.

Actualmente, el mundo del trabajo y el modelo de ciudadanía, basado en derechos civiles, políticos y sociales, no tienen ningún sentido social operativo para el sistema económico. La ciudadanía reconocida, conformada por una posición laboral estable es un bien social de los grupos dominantes, que tratan de controlar y bloquear el acceso a otros grupos. Los grupos dominados, tan sólo, tienen dos opciones, o se adaptan o confrontan con los grupos dominadores. En la nueva conformación del trabajo desaparecen los grupos sociales y las demandas colectivas, el trabajo se le presenta al individuo y él decide individualmente.

Estamos viviendo, por tanto, la transformación de un estado del Bienestar basado en las políticas sociales, productivas o de empleo a un estado del Rendimiento, basado en políticas de rentabilidad tecnológica, financiera y monetaria. Del estado benefactor y universalista a un estado Cliente que recauda públicamente para permitir los negocios privados, esto significa la institucionalización del riesgo y la precarización del trabajo, como consecuencia inevitable.

Con esto, además, se contribuye a la fragmentación de la ciudadanía. Claramente, podemos hablar de una diferencia entre ciudadanos estables y ciudadanos inestables y, en consecuencia, de la separación de políticas sociales, por un lado, seguridad para los que no pueden trabajar y políticas de empleo, por otro, flexibilidad del trabajo para los que sí pueden trabajar.

En los treinta gloriosos, (1945-1975), el trabajo era el gran integrador de la sociedad, el crecimiento era constante y estable y la ciudadanía laboral tenía todos los compromisos básicos de la forma familiar en lo privado, este modelo aseguró cierta paz social. El paso de la gran corporación a la empresa red vuelve rápido y conflictivo el reajuste de los efectivos laborales, el individualismo de la empleabilidad y la flexibilidad producen cambios en las normas de empleo y de cualificación en el trabajo. Las edades se mezclan, la competitividad aumenta, el individualismo se hace santo y seña, las carreras se acortan, las identidades se multiplican en nuevas figuras y la sociedad en red evalúa las competencias y habilidades según los resultados concretos y la capacidad de adaptación de los individuos.

El ataque neoliberal al derecho laboral no ha hecho evolucionar a la ciudadanía laboral sino todo lo contrario, ha traído un nuevo discurso darwinista, occidentalista y neo imperialista que conocemos como globalización donde las minorías vulnerables o excluidas tienden a generalizarse. Los grupos frágiles son relegados al fragmento secundario del mercado, los disponibles o prescindibles según las demandas del mercado. Así, esta sociedad postmoderna tiene distintas velocidades para la ciudadanía laboral: los incluidos, los recluidos y los excluidos.

En España, un difícil y casi raquítico sistema fordista dio lugar a un sistema postfordista volcado en la economía de servicios y tecnológica. A medida que avanza la década de los noventa la tendencia se decanta por el capitalismo típico de fin de siglo que hasta hoy intenta la flexibilización máxima de los mercados y con ellos la de los trabajadores. No es esta la economía, basada en la competencia a la baja y la individualización desmedida donde los jóvenes encontraremos un empleo digno. Por tanto, debemos encontrar el equilibrio para fortalecer lo público y reducir las brechas sociales. En este momento, el trabajo es una variable dependiente de lo tecnológico, es necesario restaurar la solidaridad y la seguridad pública en el ámbito de las políticas democráticas y el trabajo es un aliado que debe enfocarse como planificación para el desarrollo.

2 comentarios:

  1. Los grupos dominados, como los llamas, deberían poder tener una tercera vía que no sea la de la resignación o la confrontación. Esa vía debería ser la de las urnas (siempre sin renunciar al derecho a la confrontación social y pacífica). Cuando un pueblo elige un gobierno supuestamente de izquierdas, tal vez espera en lo referente al trabajo, no sólo que se fomente y se impulse la creación de nuevos puestos de trabajo, ¡qué también!, sino que además se avance en el terreno de los derechos de los trabajadores. Que la riqueza generada se reparta de una manera más justa. Que se instauren mecanismos para que los avances tecnológicos, los nuevos mercados, las nuevas oportunidades no sólo redunden en beneficios para las grandes multinacionales o las entidades financieras. Uno espera que un gobierno de izquierdas legisle para que todo ello también repercuta en mejoras en las condiciones de los trabajadores.
    Pero durante todos estos años, vemos como con gobiernos de un signo o de otro (en realidad, desde el punto de vista del trabajador, siempre del mismo signo) los avances sociales y de los trabajadores son simplemente raquíticos (por no decir que en algunos aspectos vamos “para atrás como el cangrejo”) mientras que las grandes corporaciones aumentan sus beneficios año tras año. Incluso las entidades financieras, causantes de esta crisis que tantos estragos está haciendo en todos nosotros, y a las que ha habido que acudir en su rescate ¡siguen anunciando sin pudor sus doradas cifras de beneficios!
    Tengo la triste sensación de que este gobierno de ¿izquierdas? nos ha arrebatado esta tercera vía a los “dominados”. Bueno, tal vez al fin y al cabo ellos también están entre los “dominantes”.
    Así pues ciertamente –y tristemente al tiempo- es acertada tu consideración y no queda más que la resignación o la confrontación (siempre ha sido así ¿no?). ¿Cuál creéis que será la elección en los próximos años? Yo ya me he resignado.

    joaquín

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  2. No debemos resignarnos. Desde el PSOE, a los que dices dominadores, hay de todo, porque yo soy dominado, y sí, voy a seguir luchando por los derechos de los trabajadores y para que este sistema que los asfixia, a los derechos y a nosotros, se actualice y cambie. La elección es la confrontación social y pacífica, nunca el silencio, eso viene muy bien a los dominadores, moriremos intentándolo.

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